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La experiencia a compartir del colectivo EDUSA Educación y Salud, A.C.

“¡COMO DAR LA PALABRA AL NIÑO(A), o JOVEN! ”
XX ENCUENTRO DE LA RED DE EDUCACION ALTERNATIVA
Querétaro, enero de 2010

"La organización del aula ha de contemplar la participación de los alumnos en la construcción de sus conocimientos. La construcción práctica de ese ambiente educativo se realiza por medio de técnicas que se caracterizan por potenciar el trabajo de clase sobre la base de la libre expresión de los niños en un marco de cooperación." C. Freinet.



¿Cómo dar la palabra al niño(a)?

Introducción:

La mayoría de nosotros(as) tenemos ya años practicando una pedagogía basada en la línea humanista, freinetiana. Hicimos de estas “técnicas de vida al servicio de la liberación de los seres humanos”, nuestra propia forma de vivir. ¿Nos acordaremos de cómo empezamos el proceso? Primero la convicción y las ganas de un cambio y después el descubrimiento de esta “filosofía-pedagogía alternativa”, renovadora, revitalizante para niños y adultos (docentes, padres y cercanos a la escuela)? O, fuimos conociendo y practicando las técnicas y de pronto nos vimos inmersos(as) en una forma de pensar y educar, que seguramente no nos convencía y entonces se inició la búsqueda y la profundización en una pedagogía que muestra una vitalidad no observada en la escuela común. Cada quien tiene su propia historia, lo importante es estar en el lucha por que cada vez más niños y adultos puedan estar formando parte de una comunidad educativa cooperativa, formadora y vital, con compromiso, que se viva como “modelo a seguir” para romper con los esquemas y estructuras represoras, no democráticas, que nos agobian y coartan en el desarrollo como seres humanos.

Seguramente hay otras experiencias que pueden narrarse en este espacio. Para nosotros, ahora que vivimos con unas escuelas el acercamiento, el arranque en otras y la consolidación en las más antiguas, (pero desafortunadamente las menos) de una pedagogía liberadora del espíritu esencial del SER, son apenas los primeros frutos del esfuerzo de muchos años, por extender, socializar, lo que lo que vivímos en la “escuela Freinet de Querétaro” . Queremos compartir la experiencia con la Universidad, la UPN, las escuelas Normales, todas ellas formadoras de maestros. Compartirla también con otras escuelas en las reuniones de zona, en los congresos, en las conferencias, en cualquier lugar en donde participamos.

En nuestro caso, desde que en 1978, abrimos la “escuelita” Freinet en Queretaro (así le decían algunos amigos hasta que la vieron crecer y despedir a las primeras generaciones de secundaria)(escuela experimental para nosotros), convencidos de que es una forma de vida, una forma mejor de SER para todos los miembros de la comunidad, surgió el interés, el esfuerzo por difundir esta escuela alternativa, formadora y liberadora a la vez, entre más y más maestros. ¿ Y por què este interés en difundirla? Por el simple hecho de ver la respuesta de los niños al participar en una escuela que trabaja con un programa integral para su desarrollo: “una escuela viva”. O, ¿ qué significa que varios niños pregunten por qué no pueden venir a la escuela el sábado, o en vacaciones? Fue así que abrimos cada año el curso de verano y los talleres vespertinos. Niños contentos en su trabajo escolar, creando textos, participando en asambleas, haciendo cuentas en la cooperativa, pintando en los talleres, cuestionando y aprendiendo en las clases paseo, o cocinando, niños grandes ayudando a los más pequeños, en un trabajo cooperativo.

Pues ese sueño proyectado al futuro desde entonces, se empezó a hacer realidad hasta 1998 (20 años después) cuando algunas escuelas nos empezaron a pedir apoyo para cambiar sus prácticas, sus modelos pedagógicos.

Antes de eso habíamos trabajado con maestros aislados o atendiendo visitas de las Escuelas Normales, de la UPN de la facultad de Psicología de la UAQ, pero no sabíamos en donde quedaba el efecto, el producto de la visita (los alumnos-maestros en formación siempre se mostraban sorprendidos agradablemente al ver el trabajo de los niños, pero aparentemente ahí quedaba todo).

Un esfuerzo de extensión que implicó un gran trabajo por parte de la comunidad, fue el apoyo a la Escuela Rural Benito Juárez en Huimilpan con todo y el cambio constante de maestros. Y otro, la ayuda para la fundación de la Escuela Tahuilco (Freinet) de Tequisquiapan capacitando a sus maestros e iniciando un intercambio escolar. Ambos proyectos están por ahora interrumpidos.

En ese entonces cuan pocos creíamos que los niños(as) podían expresarse libremente en un texto y hacer sus propios libros? Actualmente da gusto ver cuántos maestros(as) fácilmente, no sólo creen que es posible, sino lo intentan. Es el caso del grupo de maestras que participan ahora con nosotros, por primera vez, en este Encuentro de Educación Alternativa y con gran entusiasmo han ido confiando en la libre expresión de niñas y niños, y registran la vida de la clase (bitácora) hasta convertir el cuaderno en un “Libro de Vida”, motivan a los niños(as) a preparar y exponer sus conferencias, viven sus primeras experiencias con la correspondencia inter escolar. captan en fotos y videos las expresiones de los niños(as) al observar sus trabajos en los murales colectivos, etc. En una de ellas, hemos iniciado el fichero y la Biblioteca de Trabajo, y en otra estamos iniciando ya la Asamblea y el Plan de Trabajo (para nosotros vital por ser la estructura principal para la expresión “DAR LA PALABRA AL NIÑO") Estos maestros tomaron la palabra de sus niños para compartirla en este XX Encuentro y a su vez escucharán y leerán la palabra de todos los participantes en ponencias, mesas de trabajo, talleres y plenaria.

Ahora que estamos trabajando con escuelas completas, iniciando con el interés de la dirección o a veces con maestros de los que tomaron nuestros cursos y que poco a poco inciden en sus escuelas para que la dirección acepte el probar el cambio, el proceso se está dando de manera diferente; ya no somos nosotros tratando de convencer a otros, sino son los directivos, los maestros en búsqueda, creyentes de que hay otras formas, los que se acercan para que les ayudemos a arrancar, formalizar, consolidar un cambio de pedagogía. Y si ahora ya están empezando a observar y disfrutar este cambio de vida, nosotros sabemos que de seguir así, aún no imaginan lo que vendrá. Este proceso va tomando fuerza y vida con la integración de los niños a las decisiones

Ponencia del Grupo Metamorfosis al XX Encuentro de la Red de Educación Alternativa, ENEQ, Querétaro, enero de 2010

Como ya hemos explicado en otras ocasiones, el Grupo Metamorfosis es un colectivo sui generis, pues está integrado por maestros independientes de escuelas públicas, regadas aquí y allá, que no necesariamente son “alternativas” (consideradas como totalidades). Sin embargo, de manera individual o en pequeños grupos, estamos comprometidos (lo más que podemos) con la educación alternativa (laica, crítica, popular, democrática, solidaria y ecológica). Tenemos además vínculos muy estrechos con otros maestros y estudiantes normalistas maravillosos, practicantes o interesados en conocer esta pedagogía, pero que no son ni de la red, ni del Metamorfosis, que trabajan de manera independiente o que pertenecen a otros colectivos (p. ej. Con Conciencia Educativa), a los que no podemos dejar fuera de este encuentro y hemos invitado, a ver si se animan a integrarse.



Tomando en consideración que trabajamos en dos niveles, licenciatura y educación básica, y que tenemos mucho que decir, hemos decidido, por razones de su especificidad, dividir nuestra ponencia en dos secciones.

A mí, María del Carmen Vicencio, me corresponde coordinar la ponencia del nivel licenciatura (formación inicial de maestros) y a Blanca Torres, la del nivel básico.

 Nivel-Licenciatura

¿Cómo tomamos y damos la palabra a nuestros jóvenes estudiantes?
¿Cómo tomamos y damos la palabra a los niños con quienes practicamos, cuando somos estudiantes normalistas?

Podríamos iniciar, respondiendo a esta pregunta, compartiendo (¿presumiendo?) todo lo que hacemos sobre el tema, aunque antes nos interesa, más bien, problematizarlo. ¿Qué significa dar la palabra?, ¿qué significa tomar la palabra o decir nuestra palabra? ¿Basta con creernos “alternativos” para que mágicamente todo se resuelva? ¿Por qué en ocasiones a algunos (as) les (nos) resulta tan fácil y a otras, tan difícil, decir su palabra y escuchar a los demás?

Definitivamente estamos convencido(a)s de que dar respuesta a estas preguntas, trasciende las consideraciones técnicas (sin negar su utilidad) y nos lleva a la necesidad de hacer reflexiones profundas sobre lo que está detrás de la libre expresión. Para empezar, habremos de decir además, que el tema trasciende lo estrictamente educativo (pedagógico o
didáctico), para adentrarse en lo político; pues detrás de él está la forma como participamos en la microfísica del poder, a la que se refería Michel Foucault.

De acuerdo con Paulo Freire, la educación es comunicación. Es decir, hay una fuerte identidad entre estas dos actividades humanas, pues la primera consiste, además de promover el aprendizaje la lectura (la comprensión) del mundo, en desarrollar la capacidad de decir nuestra palabra (participar en la transformación de ese mundo, dejar huella en él).

La educación está en función de un proyecto social. Si el proyecto que decimos tener es democrático, habremos de comprometernos cotidianamente para hacerlo realidad en los microespacios en los que nos desenvolvemos. Esto implica en buena medida, cuando somos maestros o estudiantes “parlanchines-estrella”, reprimir nuestras ganas de acaparar la palabra, para dar voz, en especial, a los sin voz, a quienes no se atreven a hablar, pues sufren la timidez de los pobres, de “los diferentes” o de los que han aprendido a sentirse “inferiores”; y también para acicatear a quienes se han apoltronado en la comodidad del silencio, en el “útero de la situación conocida”, del que habla Rollo May.

En la misma línea, la educación crítica/laica implica una férrea negativa a someternos (o a callar frente) a todos aquellos que se dicen “dueños de la verdad” (divina, política, mercantil, o incluso, científica); implica dar la palabra y escuchar a quienes disienten; a tratar de entender la versión de los vencidos de la historia (aunque a la mera hora no tengan la razón, porque sin intercambio, no hay posibilidad de acceso a la verdad y sin discutir, sin disentir, nuestra experiencia, nuestra capacidad de reflexión y de asombro se empobrecen considerablemente.

Esto que se dice fácil (en un párrafo), encuentra en la práctica real un sinfín de dificultades. Lo que viene sintetiza las ponencias, de alrededor de 80 estudiantes normalistas1, de la Licenciatura en Educación Primaria, de la Escuela Normal del Estado de Querétaro, “Andrés Balvanera”, que responden a la pregunta generadora de este encuentro en dos niveles: uno como estudiantes y otro como practicantes en la escuela primaria. En términos generales hay el consenso de que dar respuesta a esa pregunta “es, a veces más complicado de lo que puede pensarse”. ¿Por qué a veces a algunos les resulta tan fácil y a otros, tan difícil, tomar la palabra? o ¿por qué se dan y qué hacemos con las expresiones “poco elegantes” o incluso violentas que a veces surgen en la escuela, por parte de los alumnos, cuando toman la palabra? Veamos sólo algunas posibles causas, antes de plantear la siguiente pregunta: ¿qué podemos hacer y qué estamos haciendo, al respecto? (Los tres apartados de nuestra ponencia se refieren a estas tres preguntas).

1 Hacemos aquí un reconocimiento especial a la compañera Doris, por su importante colaboración en la integración de las expresiones que vienen.

1a parte: El origen del problema

Consideramos que la mayoría de los problemas a los que nos enfrentamos, se derivan de nuestro sistema económico ferozmente capitalista y su lógica vorazmente mercantil. En clase reflexionamos sobre los siguientes:

1. La pertenencia a una cultura dominada (el sentimiento de inferioridad de los mexicanos, como hijos de la conquista).

2. La estructura autoritaria de nuestro sistema educativo mexicano y, en especial, de la educación pública.

3. Lapertenenciaaciertaclaseogrupo,socialmentediscriminado.

4. Laignoranciaeinexperiencia.

5. La pertenencia al gremio normalista y, en especial al normalismo público (que, sobre todo, en los últimos tiempos viene siendo ninguneado por los funcionarios con poder, con efectos devastadores, no sólo en el imaginario social, sino en la realidad de los propios maestros.

El sistema económico en el que vivimos ejerce una fuerte presión para que la distribución en la toma de la palabra, sea inequitativa. En la lógica dominante, sólo a algunos se les permite tomar (acaparar) la palabra y al resto le corresponde callar y escuchar. Varios de los estudiantes comparten sus dificultades para estar a la altura de las expectativas de sus maestros, cuando éstos esperan su participación en clase. Y es que, a lo largo de su historia familiar y escolar, han sido sometidos al conjunto de “los que no deben expresarse” y se quedan, como dice Yolanda (una de nuestras ponentes), “entre las sombras del silencio”. Por su parte, muestran su preocupación, cuando ven que lo mismo sucede con los niños con quienes practican, en especial cuando se descubren a sí mismos inhibidores de ellos. Esta cadena inicia, con los catedráticos, que estamos atrapados en la misma inercia. Veamos algunas expresiones sobre el tema Dificultades para expresar lo que pensamos

El peso de la cultura

“En mi caso, suelo ser callado y poco participativo, y en general soy muy poco expresivo, considerando esto, no como un problema, pero sí como un aspecto en el cual tengo que trabajar para mejorar; por otro lado, atribuyo estas características a una herencia familia y sobre todo al gran respeto y educación (si se le puede nombrar así), para con los mayores y las autoridades, pero me resulta muy grato cuando preguntan mi opinión o logro tener una respuesta acertada. De igual forma me resultan demasiado devastadoras las burlas ante un error o una reprimenda por parte de las autoridades. Aunque esto no me detiene, me resulta muy difícil regresar al estado de confianza que tenía antes de cometer alguna de las acciones antes mencionadas”. (Antonio de Jesús)

El peso de la discriminación

“En muchas ocasiones la comunicación oral no se da simplemente por sentirse inferior en relación con las personas con las que se tiene contacto, por menosprecio, falta de seguridad o simplemente porque no se cuenta con el léxico suficiente o adecuado para seguir la conversación” (Socorro Reséndiz).

El sistema educativo, como inhibidor

“La toma de palabra como estudiante, a la que me enfrento todos los días, me parece que no tiene diferencia a la que se vive en una primaria. De igual manera tenemos grupos numerosos, los maestros se presionan por concluir su planeación, a veces no hay tiempo para que todos nos expresemos oralmente y tal vez sin intención, los docentes dan su clase y sólo ellos pueden hablar, mientras nosotros los alumnos, escuchamos.” (Jessica Fabiola).

“...algunos profesores etiquetan a sus alumnos como “los que saben” y “los que no saben”. De esta forma el alumnado se va haciendo una idea de que lo que sí saben les van a enseñar a los que no saben, así que los comentarios son “buenos”, dependiendo de la persona que los diga y no de lo que contiene la opinión.” (Dora Natalia).

“En la experiencia como estudiante, todos podrían pensar que en todo momento fui una persona desenvuelta, sin embargo, no saben el miedo que a veces aún experimento cuando hago alguna lectura o cuando paso al frente para hacer alguna exposición... Las dificultades que existen con algunos maestros, es que ellos piensan que uno trata de comerse la clase. Por ello, en ocasiones ya no toman en cuenta mi participación y la aportación que hago. Creo que limitan el desenvolvimiento personal.” (Adriana).

“Recuerdo cuando iba a la escuela, me sentía reprimida por las constantes llamadas de atención que recibía, y que aún sigo recibiendo por hablar demasiado; esto me ha hecho ser un poco tímida al expresar mi sentir en público; la presencia del profesor implicaba tener que estar en silencio y que no podía equivocarme”. (Elizabeth R.)

El miedo a exponerse, uno de los aprendizajes de la vida

Esa lógica dominante, se impone o internaliza a través de varios mecanismos. El que aparecen con mas frecuencia en nuestros escritos es el miedo, miedo al qué dirán, a equivocarse (nos), a la burla de los demás, a descubrir las propias ignorancias, etc.; un miedo que, como dice Érika Elena, a veces se manifiesta como “temor incontrolable” y que está en estrecha relación con la falta de autoestima. Hemos reflexionado mucho sobre el drama de una juventud con miedo a expresarse. El fuego interno del miedo se aviva, ante las exigencias del discurso pedagógico empresarial: “debes ser excelente”; “debes ser competente”, debes, debes, debes... (y ¡ay de ti!, si no lo demuestras en los exámenes estandarizados).

“Hablar pareciera ser una cosa muy sencilla, pues la mayoría de los seres humanos aprendemos a comunicarnos, casi desde que somos bebes, sin embargo y con el paso de los
años y por muchas otras circunstancias que nos van ocurriendo a través de nuestra vida vamos perdiendo la capacidad de comunicarnos... Cuando vamos creciendo, vamos poco a poco dejando de comunicarnos con los demás; aunque esto sea una de las cosas más importantes en nuestra vida. El miedo a lo que digan los demás, la falta de confianza en nosotros mismos y las trabas que la sociedad nos va imponiendo, nos van dejando mudos”. (Claudia Berenice)

“...Viendo el panorama desde el estudiante, es un poco más complicado ya que nos podemos sentir inhibidos por pensar que uno es inexperto o bien que nuestro pensamiento no aportara nada a la clase, por lo que se decide mejor callar nuestras ideas y dudas. Esto es un error fatal porque más adelante, como se dice del que no perdona, lo mismo hacen las dudas, ya que cuando deseamos saber algo en especifico, es cuando nos damos de topes con nuestra falta de valentía para haber expuesto nuestras ideas ante un grupo, para lograr resolver esa duda”. (Diego).

Formas de protección frente el miedo: la proyección y el auto-encierro en círculo vicioso

Una forma de protegerse del miedo, es proyectarlo sobre los otros y eso explica por qué algunos responden con mucha crueldad, ante las imperfecciones (imaginarios de imperfecciones) de los demás, en especial cuando pertenecen a algún grupo tradicionalmente discriminado: el chisme, la tijera o el canibalismo se vuelven a veces formas cotidianas de relación, de las que no fácilmente podemos escapar. Otra forma de defenderse es encerrarse en sí mismo y callar, tratando de pasar desapercibidos:
“Participar dentro de un grupo de personas muchas veces es difícil. A veces existimos personas que tenemos problemas con la seguridad, al dar nuestra opinión respecto a una situación o no tenemos nuestras ideas ordenadas para poder argumentar la problemática”.

“Pienso que nosotros poseemos una enorme capacidad para pensar y expresar lo que sabemos y aprendemos, sin embargo hay a quienes se nos complica esto; simplemente nos ‘sometemos’ al silencio... ¿Por qué?, porque a veces es ‘mejor quedarse callados’, porque ‘no es bueno interrumpir’, porque ‘lo que tu piensas ya lo dijeron’ (¿para qué repetir?)... Es un rollo, en lo personal, muy complicado, a veces lo veo como una cadena en donde incluso yo he estado... No hablas por miedo a ser criticada, a la burla, a que no te ataquen, pero cuando se da la oportunidad de hablar sobre lo que alguien dijo y que, como tú, antes estuvo inseguro, no te das cuenta que de que, sin querer, ya estas ‘atacando’, por eso creo que estamos dentro de un ‘circulo vicioso”. (Norma)

El empobrecimiento de la expresión, en el sistema comercial

Además del miedo, se encuentra la inercia, la ley del menor esfuerzo, la comodidad, el apoltronamiento, como señala Zigmut Bauman en su libro “Los desafíos de la educación en la humanidad líquida”. Inercias que repercuten seriamente en las formas de estructuración del pensamiento (Pensemos por ejemplo en el fenómeno Sammy y Miguel Luis).

El contexto urbano, invadido de mercado está especialmente diseñado para que no pensemos, para que no podamos atar cabos y darnos cuenta de lo que sucede y, por consiguiente, para que no protestemos.

(Como sucede en la novela de Ray Bradbury: Farenheit 451: hay que destruir los libros, “porque los libros hacen pensar y pensar hace infeliz a la gente”, y de lo que se trata es de estar contentos (léase aquí más bien, divertidos). O como muestra la novela de Georges Orwell, “1984”, en la que la falta de pensamiento se hace evidente a través de una neolengua, incapaz de hacer las abstracciones que requiere el pensamiento crítico. En este sentido seda un fenómeno paradójico muy interesante: la saturación de información, de la mano de una profunda ignorancia.

“A la hora de participar, se me dificulta, ya que el problema que encuentro en mí, es que, tal vez, no sé cómo organizar las palabras o las ideas, y a la hora de hablar, se me enredan las palabras. Es una de las dificultades que encuentro en mí, y a la hora de tomar la palabra, espero a que mis compañeros terminen de hablar, para poder comentar algo.”

El poder que da el conocimiento

En varios de nuestros textos, los estudiantes señalamos a la ignorancia, a la falta de lectura o estudio, como causas de que a uno se le dificulte participar en clase y reflexionamos sobre la importancia de comprometernos más con la profesión.

“Desde la preparatoria siempre he considerado que para poder emitir un juicio sobre algún tema es preciso tener un conocimiento sobre lo que se comenta... Al principio pensaba que la cultura general era suficiente para poder participar, sin saber que decir una idea pertinente implica saber otras características para que sea penetrante y ‘acalorante’...” (Oscar Gregorio).

“Como estudiante no me cuesta mucho trabajo tomar la palabra pero siempre antes de opinar trato de poner mis ideas en orden y saber acerca de lo que estoy hablando, por si se llega a cuestionarme tener argumentos que defiendan lo que yo pienso”. (Fernanda).

2a Parte: ¿qué hacemos con las expresiones “poco elegantes” de nuestros estudiantes?

Otra tarea fundamental de la formación normal, además de aprender a decir la propia palabra, es aprender a dar la palabra a los niños. Al respecto, los practicantes primerizos nos mostramos totalmente convencidos de la idea, pero no siempre logramos guardar el equilibrio entre los principios de libertad y de autoridad.

Guardar el equilibrio entre la libertad y la autoridad

“En la escuela, cuando un niño intenta expresarse, normalmente grita sus ideas, pero como son muchos los niños que también quieren expresarse, pues sólo termino por escuchar las ideas de los niños que griten más alto.” (Esther Carmona)

“Los niños también saben tomarnos la medida. Al llevar a cabo diversas actividades con ellos... preguntaba “¿Quién quiere participar?”. La verdad es que en lo personal, a mí no funcionó esa forma de dar la palabra, ya que por lo general siempre participaban los mismos niños y cuando la mayoría sabía la respuesta o quería participar, simplemente gritaban y hablaban al mismo tiempo, incluso cuando se desesperaban en pasar a participar, sobre todo al pizarrón, llegaban a amontonarse enfrente.” (Diana Margarita).

“Me doy cuenta de que agrupar a los niños en equipos, en los que todos trabajen y participen es muy difícil, si no hay afinidad entre ellos o hay varios niños lideres que están acostumbrados a tener la palabra. No les es fácil llegar a acuerdos y esto genera mucho desorden y provoca mucha falta de respeto entre ellos mismos”. (Doris).

“Me toco en el salón de clases de 3° en la práctica, los que levantaban la mano y no les daba la palabra se molestaban conmigo, ya no querían trabajar porque según ellos, no los tomaba en cuenta en sus participaciones, y hubo un momento en que ya no sabía qué hacer, para que los que no hablaran lo hicieran y los que se la pasan hablando lo hicieran, pero sin acaparar todo el tiempo” (Elia).

“En ocasiones para uno, como docente, es difícil regular y motivar que sus alumnos logren comentar o expresar algo durante clase. Esto puede ser porque o sólo felicitamos a unos pocos privilegiados que hablan, o peor aún, damos la palabra sólo a aquellos que sabemos que mencionarán lo que deseamos oír o que pensamos que tienen algo importante que decir para aportar al tema, pero nunca nos ponemos a pensar que la palabra de todos es tan valiosa como la nuestra o de los que más saben. Es sólo con la práctica, que se logra dominar la participación de exponer frente a otros las ideas” (Diego).

Cuando lo que expresan los niños resulta preocupante

Dar la palabra a las y los niños es una magnífica herramienta para reconocerlos más profundamente. Lo que dicen, oralmente o en sus escritos, nos lleva a conocer lo que sucede en su contexto más cercano, a compartir sus alegrías y tristezas, sus búsquedas temores e inquietudes. Así nos enteramos de las vicisitudes por las que atraviesa la mayoría de la población mexicana (desempleo, alcoholismo, violencia intra- y extrafamiliar, discriminación, etc.), pero también una gran ternura, amor, comunión, solidaridad, alegría de vivir, etc. El texto que sigue es una muestra de lo que nos referimos.

Normalmente este tipo de expresiones suelen reprimirse, negarse, ocultarse. Nosotros preferimos presentarla en toda su crudeza, para reflexionar sobre el fenómeno ante el que estamos y prepararnos para enfrentarnos a él. Se trata de ¿una canción, que anda circulando por ahí? o ¿una canción que reinventaron, sobre ciertos personajes de la
tele? Disculpen nuestra ignorancia (Para una mejor comprensión, corregimos algunas faltas):

“En un table dance (nótese la buena ortografía en inglés) estaba Peach y Daisy. Mario y Luigi pidieron un privado; Luigi sacó el pelón, Mario le dijo: ‘Mejor con condón’. Mario y Luigi salieron del privado, se encontraron a Mario todo drogado, casi desmayado; le pidieron 100 baros; Mario se negó, llamó a Luigi y entonces los noquearon. Peach y Daisy se cansaron de esperar y le dijeron a Yoshi: “vamos a cochear”. Mario y Luigi se fueron a su casa. Mario se tomó una cubana y amaneció con la verga atorada”.
La comparación entre la primera y la segunda partes de este escrito no puede más que generar en nosotros la necesidad de repensar nuestra práctica.

Lo bueno de todo esto, es que no sólo nos quedamos en reconocer los problemas que enfrentamos, sino tratamos en lo posible de darle solución. El último apartado de nuestr ponencia da una idea de cómo nos estamos preparando para ello.

3a parte

¿Qué estamos haciendo o tratando de hacer para superar nuestras dificultades y hacernos más capaces de dar la palabra a nuestros alumnos?

En seguida deseamos compartir con ustedes algunas de las experiencias más significativas, incluidas las estrategias y técnicas que nos han apoyado en esta tarea, de tomar y dar la palabra a las nuevas generaciones. Lo que se presenta abajo lo practicamos en los dos niveles: licenciatura y escuela primaria.

La organización cooperativa (comisiones y equipos)

Una forma de dar la palabra a los estudiantes es hacerlos (nos) partícipes activos de la responsabilidad del proceso de enseñanza- aprendizaje, para que vayan (mos) perdiendo el miedo de enfrentarse (nos) al público. En la clase de Español y su Enseñanza, por ejemplo, nos organizamos en comisiones rotativas: la coordinación de la semana, el diario, el noticiero y lectura de imágenes, el juego de palabras, la miscelánea literaria, texto libre, recomendación de libro o película, promoción cultural, diccionario, guardián del tiempo y vigilante de contenidos y guardián de la dinámica grupal. En la escuela primaria también promovemos la organización colaborativa:

“Para lograr un ambiente de trabajo primeramente fue necesario formular un reglamento interno escolar, y presentar un plan en el que había responsabilidades, que se irían rolando por semana, por ejemplo, el pase de lista, la organización de equipos, la recolección de tareas, la organización de materiales de trabajo, entre otras. Dichas responsabilidades permitían al alumno asumir el papel del docente, fomentando el respeto entre sus compañeros, cada vez
que a alguien le tocaba una comisión, ganaba confianza en sí mismo, y conseguía desenvolverse cada vez mejor, y así en cada ocasión, era menor el esfuerzo en cada uno de ellos para expresarse, organizarse y participar dentro de clases.” (Betsabé).

“Me sucedió en la segunda semana de practica en la primaria donde tenía el grupo de 6°, realizamos un debate y todos los niños querían participar al mismo tiempo, entonces se pidió a un alumno voluntario para que fuera él, quien regulara la participación del grupo en el debate. Es así como los alumnos son parte de su propia toma de decisiones y ellos pueden tomar la palabra por sí solos, claro con un poco de ayuda de otros.” (María Fernanda Morales).

“...La verdad es que los niños son súper ingeniosos y aportan mucho. Cuando trabajan por equipos, ellos sienten la necesidad de regularse y darse la palabra” (Ivonne).

Los círculos de reflexión

Con frecuencia reflexionamos colectivamente sobre un asunto, a partir de algún “disparador” que puede ser una pregunta generadora, un texto polémico o provocativo, una frase, una imagen, etc. Invitamos primero a quienes tienen más dificultades para expresarse, para dar luego paso libre a quienes suelen expresarse sin ninguna cortapisa.

El intercambio y la discusión, como parte permanente del proceso

Dentro del enfoque constructivista, según la propuesta didáctica de Guy Brousseau, ofrecemos a las y los estudiantes situaciones didácticas específicas que implican desafíos, cuya superación requiere necesariamente del intercambio (formulación) y de la discusión argumentación (validación) antes de que el maestro asuma su papel de enseñante.

El rincón de lecturas- el cuentacuentos- la velada literaria-musical

Estos son espacios deliciosos que hemos creado para el último módulo de la semana. Hacemos a un lado los libros y las teorizaciones socio-psico-linguísticas y pedagógicas y nos disponemos a disfrutar de la literatura. Esta estrategia tiene dos partes: una, en la que formamos un círculo y podemos participar contando algún cuento, anécdota, leyenda o chistes o recitando algún poema, o leyendo algún texto libre, etc. La idea, no sólo es perder el miedo a leer en voz alta o a narrar, sino descubrir el profundo valor formativo de este género. La segunda parte de la sesión consiste en tener tiempo para leer de manera libre los maravillosos libros del rincón que se ofrecen a los estudiantes en gran cantidad.

El círculo mágico

El círculo mágico es una técnica muy difundida en el gremio, aunque poco se conoce su origen. Se deriva del Programa de Desarrollo Humano de Arnold Bessell y Uvaldo Palomares, educadores preocupados precisamente por dar la palabra a las y los niños
migrantes, que tenían serias dificultades para comunicarse con sus compañeros en el aula. Consiste en un espacio de conversación estructurada en el que se da una interesante paradoja, ya que, a partir de reglas muy claras y rígidas o exigentes, se crea un rico clima de libertad, para comunicarse con toda confianza.

El sociodrama

A través de breves dramatizaciones presentamos una situación de la vida real, (en especial las que tienen que ver con los problemas de comunicación), sobre la que deseamos reflexionar. Es muy divertido, cuando estas situaciones se convierten en espejos de lo que hacemos las y los maestros.

Los simulacros

Son juegos de expertos, en los que simulamos ser profesionales de alguna rama y presentamos en público algún proyecto para convencer a diversas “fundaciones” o “autoridades” o “padres de familia”, etc. de la importancia de su colaboración para hacerlas realidad (por ejemplo: programa radiofónico, agencia de viajes, telenovela, etc.) En algunos casos, dejan de ser simulacros para convertirse en empresas reales.

“En la segunda semana, mi propósito fue idear algo que les llamara la atención, los intrigara y provocara la participación de todos. El proyecto, en esta ocasión fue un periódico, al que ellos mismos llamaron “Diversión Escolar”. Como reporteros profesionales, los chicos deberían entrevistar a un personaje desconocido y optaron por un boxeador, El día que teníamos que elaborar las preguntas, lograron ponerse de acuerdo y decidieron entre todos qué era lo que cuestionarían, cómo querían que fuera la experiencia y aportaron ideas para realizar dicha actividad, las que acepté gustosamente. Esta vez... los niños debían comunicarse y colaborar en clase como un equipo.” (Jessica).

Los libros colectivos

Como a nadar se aprende nadando, a leer, leyendo y a escribir, escribiendo, hacemos un esfuerzo para que algunos de nuestros textos puedan ser “publicados” (aunque sea en un contexto muy limitado). Este trabajo es todo un reto, pues implica un complejo proceso de planeación- producción- revisión. Muchos de los textos que se integran en los libros colectivos son totalmente libres y otros se generan, a partir de diversos “disparadores”.

Epílogo

“Esto es algo muy interesante y que debe estudiarse más a fondo, ya que si este problema se tratara desde el preescolar, las formas de vida serían distintas; el pueblo estaría menos reprimido por gobiernos o personas elitistas. Si se empezará de lo poco, llegaríamos a solucionar lo mucho” (Fabiola).

Ponencia del Grupo Metamorfosis al XX Encuentro de la Red de Educación Alternativa, ENEQ, Querétaro, enero de 2010

Como ya hemos explicado en otras ocasiones, el Grupo Metamorfosis es un colectivo sui generis, pues está integrado por maestros independientes de escuelas públicas, regadas aquí y allá, que no necesariamente son “alternativas” (consideradas como totalidades). Sin embargo, de manera individual o en pequeños grupos, estamos comprometidos (lo más que podemos) con la educación alternativa (laica, crítica, popular, democrática, solidaria y ecológica). Tenemos además vínculos muy estrechos con otros maestros y estudiantes normalistas maravillosos, practicantes o interesados en conocer esta pedagogía, pero que no son ni de la red, ni del Metamorfosis, que trabajan de manera independiente o que pertenecen a otros colectivos (p. ej. Con Conciencia Educativa), a los que no podemos dejar fuera de este encuentro y hemos invitado, a ver si se animan a integrarse.

Tomando en consideración que trabajamos en dos niveles, licenciatura y educación básica, y que tenemos mucho que decir, hemos decidido, por razones de su especificidad, dividir nuestra ponencia en dos secciones.

A mí, María del Carmen Vicencio, me corresponde coordinar la ponencia del nivel licenciatura (formación inicial de maestros) y a Blanca Torres, la del nivel básico.

 Nivel-Licenciatura

¿Cómo tomamos y damos la palabra a nuestros jóvenes estudiantes?
¿Cómo tomamos y damos la palabra a los niños con quienes practicamos, cuando somos estudiantes normalistas?

Podríamos iniciar, respondiendo a esta pregunta, compartiendo (¿presumiendo?) todo lo que hacemos sobre el tema, aunque antes nos interesa, más bien, problematizarlo. ¿Qué significa dar la palabra?, ¿qué significa tomar la palabra o decir nuestra palabra? ¿Basta con creernos “alternativos” para que mágicamente todo se resuelva? ¿Por qué en ocasiones a algunos (as) les (nos) resulta tan fácil y a otras, tan difícil, decir su palabra y escuchar a los demás?

Definitivamente estamos convencido(a)s de que dar respuesta a estas preguntas, trasciende las consideraciones técnicas (sin negar su utilidad) y nos lleva a la necesidad de hacer reflexiones profundas sobre lo que está detrás de la libre expresión. Para empezar, habremos de decir además, que el tema trasciende lo estrictamente educativo (pedagógico o
didáctico), para adentrarse en lo político; pues detrás de él está la forma como participamos en la microfísica del poder, a la que se refería Michel Foucault.

De acuerdo con Paulo Freire, la educación es comunicación. Es decir, hay una fuerte identidad entre estas dos actividades humanas, pues la primera consiste, además de promover el aprendizaje la lectura (la comprensión) del mundo, en desarrollar la capacidad de decir nuestra palabra (participar en la transformación de ese mundo, dejar huella en él).

La educación está en función de un proyecto social. Si el proyecto que decimos tener es democrático, habremos de comprometernos cotidianamente para hacerlo realidad en los microespacios en los que nos desenvolvemos. Esto implica en buena medida, cuando somos maestros o estudiantes “parlanchines-estrella”, reprimir nuestras ganas de acaparar la palabra, para dar voz, en especial, a los sin voz, a quienes no se atreven a hablar, pues sufren la timidez de los pobres, de “los diferentes” o de los que han aprendido a sentirse “inferiores”; y también para acicatear a quienes se han apoltronado en la comodidad del silencio, en el “útero de la situación conocida”, del que habla Rollo May.

En la misma línea, la educación crítica/laica implica una férrea negativa a someternos (o a callar frente) a todos aquellos que se dicen “dueños de la verdad” (divina, política, mercantil, o incluso, científica); implica dar la palabra y escuchar a quienes disienten; a tratar de entender la versión de los vencidos de la historia (aunque a la mera hora no tengan la razón, porque sin intercambio, no hay posibilidad de acceso a la verdad y sin discutir, sin disentir, nuestra experiencia, nuestra capacidad de reflexión y de asombro se empobrecen considerablemente.

Esto que se dice fácil (en un párrafo), encuentra en la práctica real un sinfín de dificultades. Lo que viene sintetiza las ponencias, de alrededor de 80 estudiantes normalistas1, de la Licenciatura en Educación Primaria, de la Escuela Normal del Estado de Querétaro, “Andrés Balvanera”, que responden a la pregunta generadora de este encuentro en dos niveles: uno como estudiantes y otro como practicantes en la escuela primaria. En términos generales hay el consenso de que dar respuesta a esa pregunta “es, a veces más complicado de lo que puede pensarse”. ¿Por qué a veces a algunos les resulta tan fácil y a otros, tan difícil, tomar la palabra? o ¿por qué se dan y qué hacemos con las expresiones “poco elegantes” o incluso violentas que a veces surgen en la escuela, por parte de los alumnos, cuando toman la palabra? Veamos sólo algunas posibles causas, antes de plantear la siguiente pregunta: ¿qué podemos hacer y qué estamos haciendo, al respecto? (Los tres apartados de nuestra ponencia se refieren a estas tres preguntas).

1 Hacemos aquí un reconocimiento especial a la compañera Doris, por su importante colaboración en la integración de las expresiones que vienen.

1a parte: El origen del problema

Consideramos que la mayoría de los problemas a los que nos enfrentamos, se derivan de nuestro sistema económico ferozmente capitalista y su lógica vorazmente mercantil. En clase reflexionamos sobre los siguientes:

1. La pertenencia a una cultura dominada (el sentimiento de inferioridad de los mexicanos, como hijos de la conquista).

2. La estructura autoritaria de nuestro sistema educativo mexicano y, en especial, de la educación pública.

3. Lapertenenciaaciertaclaseogrupo,socialmentediscriminado.

4. Laignoranciaeinexperiencia.

5. La pertenencia al gremio normalista y, en especial al normalismo público (que, sobre todo, en los últimos tiempos viene siendo ninguneado por los funcionarios con poder, con efectos devastadores, no sólo en el imaginario social, sino en la realidad de los propios maestros.

El sistema económico en el que vivimos ejerce una fuerte presión para que la distribución en la toma de la palabra, sea inequitativa. En la lógica dominante, sólo a algunos se les permite tomar (acaparar) la palabra y al resto le corresponde callar y escuchar. Varios de los estudiantes comparten sus dificultades para estar a la altura de las expectativas de sus maestros, cuando éstos esperan su participación en clase. Y es que, a lo largo de su historia familiar y escolar, han sido sometidos al conjunto de “los que no deben expresarse” y se quedan, como dice Yolanda (una de nuestras ponentes), “entre las sombras del silencio”. Por su parte, muestran su preocupación, cuando ven que lo mismo sucede con los niños con quienes practican, en especial cuando se descubren a sí mismos inhibidores de ellos. Esta cadena inicia, con los catedráticos, que estamos atrapados en la misma inercia. Veamos algunas expresiones sobre el tema Dificultades para expresar lo que pensamos

El peso de la cultura

“En mi caso, suelo ser callado y poco participativo, y en general soy muy poco expresivo, considerando esto, no como un problema, pero sí como un aspecto en el cual tengo que trabajar para mejorar; por otro lado, atribuyo estas características a una herencia familia y sobre todo al gran respeto y educación (si se le puede nombrar así), para con los mayores y las autoridades, pero me resulta muy grato cuando preguntan mi opinión o logro tener una respuesta acertada. De igual forma me resultan demasiado devastadoras las burlas ante un error o una reprimenda por parte de las autoridades. Aunque esto no me detiene, me resulta muy difícil regresar al estado de confianza que tenía antes de cometer alguna de las acciones antes mencionadas”. (Antonio de Jesús)

El peso de la discriminación

“En muchas ocasiones la comunicación oral no se da simplemente por sentirse inferior en relación con las personas con las que se tiene contacto, por menosprecio, falta de seguridad o simplemente porque no se cuenta con el léxico suficiente o adecuado para seguir la conversación” (Socorro Reséndiz).

El sistema educativo, como inhibidor

“La toma de palabra como estudiante, a la que me enfrento todos los días, me parece que no tiene diferencia a la que se vive en una primaria. De igual manera tenemos grupos numerosos, los maestros se presionan por concluir su planeación, a veces no hay tiempo para que todos nos expresemos oralmente y tal vez sin intención, los docentes dan su clase y sólo ellos pueden hablar, mientras nosotros los alumnos, escuchamos.” (Jessica Fabiola).

“...algunos profesores etiquetan a sus alumnos como “los que saben” y “los que no saben”. De esta forma el alumnado se va haciendo una idea de que lo que sí saben les van a enseñar a los que no saben, así que los comentarios son “buenos”, dependiendo de la persona que los diga y no de lo que contiene la opinión.” (Dora Natalia).

“En la experiencia como estudiante, todos podrían pensar que en todo momento fui una persona desenvuelta, sin embargo, no saben el miedo que a veces aún experimento cuando hago alguna lectura o cuando paso al frente para hacer alguna exposición... Las dificultades que existen con algunos maestros, es que ellos piensan que uno trata de comerse la clase. Por ello, en ocasiones ya no toman en cuenta mi participación y la aportación que hago. Creo que limitan el desenvolvimiento personal.” (Adriana).

“Recuerdo cuando iba a la escuela, me sentía reprimida por las constantes llamadas de atención que recibía, y que aún sigo recibiendo por hablar demasiado; esto me ha hecho ser un poco tímida al expresar mi sentir en público; la presencia del profesor implicaba tener que estar en silencio y que no podía equivocarme”. (Elizabeth R.)

El miedo a exponerse, uno de los aprendizajes de la vida

Esa lógica dominante, se impone o internaliza a través de varios mecanismos. El que aparecen con mas frecuencia en nuestros escritos es el miedo, miedo al qué dirán, a equivocarse (nos), a la burla de los demás, a descubrir las propias ignorancias, etc.; un miedo que, como dice Érika Elena, a veces se manifiesta como “temor incontrolable” y que está en estrecha relación con la falta de autoestima. Hemos reflexionado mucho sobre el drama de una juventud con miedo a expresarse. El fuego interno del miedo se aviva, ante las exigencias del discurso pedagógico empresarial: “debes ser excelente”; “debes ser competente”, debes, debes, debes... (y ¡ay de ti!, si no lo demuestras en los exámenes estandarizados).

“Hablar pareciera ser una cosa muy sencilla, pues la mayoría de los seres humanos aprendemos a comunicarnos, casi desde que somos bebes, sin embargo y con el paso de los
años y por muchas otras circunstancias que nos van ocurriendo a través de nuestra vida vamos perdiendo la capacidad de comunicarnos... Cuando vamos creciendo, vamos poco a poco dejando de comunicarnos con los demás; aunque esto sea una de las cosas más importantes en nuestra vida. El miedo a lo que digan los demás, la falta de confianza en nosotros mismos y las trabas que la sociedad nos va imponiendo, nos van dejando mudos”. (Claudia Berenice)

“...Viendo el panorama desde el estudiante, es un poco más complicado ya que nos podemos sentir inhibidos por pensar que uno es inexperto o bien que nuestro pensamiento no aportara nada a la clase, por lo que se decide mejor callar nuestras ideas y dudas. Esto es un error fatal porque más adelante, como se dice del que no perdona, lo mismo hacen las dudas, ya que cuando deseamos saber algo en especifico, es cuando nos damos de topes con nuestra falta de valentía para haber expuesto nuestras ideas ante un grupo, para lograr resolver esa duda”. (Diego).

Formas de protección frente el miedo: la proyección y el auto-encierro en círculo vicioso

Una forma de protegerse del miedo, es proyectarlo sobre los otros y eso explica por qué algunos responden con mucha crueldad, ante las imperfecciones (imaginarios de imperfecciones) de los demás, en especial cuando pertenecen a algún grupo tradicionalmente discriminado: el chisme, la tijera o el canibalismo se vuelven a veces formas cotidianas de relación, de las que no fácilmente podemos escapar. Otra forma de defenderse es encerrarse en sí mismo y callar, tratando de pasar desapercibidos:
“Participar dentro de un grupo de personas muchas veces es difícil. A veces existimos personas que tenemos problemas con la seguridad, al dar nuestra opinión respecto a una situación o no tenemos nuestras ideas ordenadas para poder argumentar la problemática”.

“Pienso que nosotros poseemos una enorme capacidad para pensar y expresar lo que sabemos y aprendemos, sin embargo hay a quienes se nos complica esto; simplemente nos ‘sometemos’ al silencio... ¿Por qué?, porque a veces es ‘mejor quedarse callados’, porque ‘no es bueno interrumpir’, porque ‘lo que tu piensas ya lo dijeron’ (¿para qué repetir?)... Es un rollo, en lo personal, muy complicado, a veces lo veo como una cadena en donde incluso yo he estado... No hablas por miedo a ser criticada, a la burla, a que no te ataquen, pero cuando se da la oportunidad de hablar sobre lo que alguien dijo y que, como tú, antes estuvo inseguro, no te das cuenta que de que, sin querer, ya estas ‘atacando’, por eso creo que estamos dentro de un ‘circulo vicioso”. (Norma)

El empobrecimiento de la expresión, en el sistema comercial

Además del miedo, se encuentra la inercia, la ley del menor esfuerzo, la comodidad, el apoltronamiento, como señala Zigmut Bauman en su libro “Los desafíos de la educación en la humanidad líquida”. Inercias que repercuten seriamente en las formas de estructuración del pensamiento (Pensemos por ejemplo en el fenómeno Sammy y Miguel Luis).

El contexto urbano, invadido de mercado está especialmente diseñado para que no pensemos, para que no podamos atar cabos y darnos cuenta de lo que sucede y, por consiguiente, para que no protestemos.

(Como sucede en la novela de Ray Bradbury: Farenheit 451: hay que destruir los libros, “porque los libros hacen pensar y pensar hace infeliz a la gente”, y de lo que se trata es de estar contentos (léase aquí más bien, divertidos). O como muestra la novela de Georges Orwell, “1984”, en la que la falta de pensamiento se hace evidente a través de una neolengua, incapaz de hacer las abstracciones que requiere el pensamiento crítico. En este sentido seda un fenómeno paradójico muy interesante: la saturación de información, de la mano de una profunda ignorancia.

“A la hora de participar, se me dificulta, ya que el problema que encuentro en mí, es que, tal vez, no sé cómo organizar las palabras o las ideas, y a la hora de hablar, se me enredan las palabras. Es una de las dificultades que encuentro en mí, y a la hora de tomar la palabra, espero a que mis compañeros terminen de hablar, para poder comentar algo.”

El poder que da el conocimiento

En varios de nuestros textos, los estudiantes señalamos a la ignorancia, a la falta de lectura o estudio, como causas de que a uno se le dificulte participar en clase y reflexionamos sobre la importancia de comprometernos más con la profesión.

“Desde la preparatoria siempre he considerado que para poder emitir un juicio sobre algún tema es preciso tener un conocimiento sobre lo que se comenta... Al principio pensaba que la cultura general era suficiente para poder participar, sin saber que decir una idea pertinente implica saber otras características para que sea penetrante y ‘acalorante’...” (Oscar Gregorio).

“Como estudiante no me cuesta mucho trabajo tomar la palabra pero siempre antes de opinar trato de poner mis ideas en orden y saber acerca de lo que estoy hablando, por si se llega a cuestionarme tener argumentos que defiendan lo que yo pienso”. (Fernanda).

2a Parte: ¿qué hacemos con las expresiones “poco elegantes” de nuestros estudiantes?

Otra tarea fundamental de la formación normal, además de aprender a decir la propia palabra, es aprender a dar la palabra a los niños. Al respecto, los practicantes primerizos nos mostramos totalmente convencidos de la idea, pero no siempre logramos guardar el equilibrio entre los principios de libertad y de autoridad.

Guardar el equilibrio entre la libertad y la autoridad

“En la escuela, cuando un niño intenta expresarse, normalmente grita sus ideas, pero como son muchos los niños que también quieren expresarse, pues sólo termino por escuchar las ideas de los niños que griten más alto.” (Esther Carmona)

“Los niños también saben tomarnos la medida. Al llevar a cabo diversas actividades con ellos... preguntaba “¿Quién quiere participar?”. La verdad es que en lo personal, a mí no funcionó esa forma de dar la palabra, ya que por lo general siempre participaban los mismos niños y cuando la mayoría sabía la respuesta o quería participar, simplemente gritaban y hablaban al mismo tiempo, incluso cuando se desesperaban en pasar a participar, sobre todo al pizarrón, llegaban a amontonarse enfrente.” (Diana Margarita).

“Me doy cuenta de que agrupar a los niños en equipos, en los que todos trabajen y participen es muy difícil, si no hay afinidad entre ellos o hay varios niños lideres que están acostumbrados a tener la palabra. No les es fácil llegar a acuerdos y esto genera mucho desorden y provoca mucha falta de respeto entre ellos mismos”. (Doris).

“Me toco en el salón de clases de 3° en la práctica, los que levantaban la mano y no les daba la palabra se molestaban conmigo, ya no querían trabajar porque según ellos, no los tomaba en cuenta en sus participaciones, y hubo un momento en que ya no sabía qué hacer, para que los que no hablaran lo hicieran y los que se la pasan hablando lo hicieran, pero sin acaparar todo el tiempo” (Elia).

“En ocasiones para uno, como docente, es difícil regular y motivar que sus alumnos logren comentar o expresar algo durante clase. Esto puede ser porque o sólo felicitamos a unos pocos privilegiados que hablan, o peor aún, damos la palabra sólo a aquellos que sabemos que mencionarán lo que deseamos oír o que pensamos que tienen algo importante que decir para aportar al tema, pero nunca nos ponemos a pensar que la palabra de todos es tan valiosa como la nuestra o de los que más saben. Es sólo con la práctica, que se logra dominar la participación de exponer frente a otros las ideas” (Diego).

Cuando lo que expresan los niños resulta preocupante

Dar la palabra a las y los niños es una magnífica herramienta para reconocerlos más profundamente. Lo que dicen, oralmente o en sus escritos, nos lleva a conocer lo que sucede en su contexto más cercano, a compartir sus alegrías y tristezas, sus búsquedas temores e inquietudes. Así nos enteramos de las vicisitudes por las que atraviesa la mayoría de la población mexicana (desempleo, alcoholismo, violencia intra- y extrafamiliar, discriminación, etc.), pero también una gran ternura, amor, comunión, solidaridad, alegría de vivir, etc. El texto que sigue es una muestra de lo que nos referimos.

Normalmente este tipo de expresiones suelen reprimirse, negarse, ocultarse. Nosotros preferimos presentarla en toda su crudeza, para reflexionar sobre el fenómeno ante el que estamos y prepararnos para enfrentarnos a él. Se trata de ¿una canción, que anda circulando por ahí? o ¿una canción que reinventaron, sobre ciertos personajes de la
tele? Disculpen nuestra ignorancia (Para una mejor comprensión, corregimos algunas faltas):

“En un table dance (nótese la buena ortografía en inglés) estaba Peach y Daisy. Mario y Luigi pidieron un privado; Luigi sacó el pelón, Mario le dijo: ‘Mejor con condón’. Mario y Luigi salieron del privado, se encontraron a Mario todo drogado, casi desmayado; le pidieron 100 baros; Mario se negó, llamó a Luigi y entonces los noquearon. Peach y Daisy se cansaron de esperar y le dijeron a Yoshi: “vamos a cochear”. Mario y Luigi se fueron a su casa. Mario se tomó una cubana y amaneció con la verga atorada”.
La comparación entre la primera y la segunda partes de este escrito no puede más que generar en nosotros la necesidad de repensar nuestra práctica.

Lo bueno de todo esto, es que no sólo nos quedamos en reconocer los problemas que enfrentamos, sino tratamos en lo posible de darle solución. El último apartado de nuestr ponencia da una idea de cómo nos estamos preparando para ello.

3a parte

¿Qué estamos haciendo o tratando de hacer para superar nuestras dificultades y hacernos más capaces de dar la palabra a nuestros alumnos?

En seguida deseamos compartir con ustedes algunas de las experiencias más significativas, incluidas las estrategias y técnicas que nos han apoyado en esta tarea, de tomar y dar la palabra a las nuevas generaciones. Lo que se presenta abajo lo practicamos en los dos niveles: licenciatura y escuela primaria.

La organización cooperativa (comisiones y equipos)

Una forma de dar la palabra a los estudiantes es hacerlos (nos) partícipes activos de la responsabilidad del proceso de enseñanza- aprendizaje, para que vayan (mos) perdiendo el miedo de enfrentarse (nos) al público. En la clase de Español y su Enseñanza, por ejemplo, nos organizamos en comisiones rotativas: la coordinación de la semana, el diario, el noticiero y lectura de imágenes, el juego de palabras, la miscelánea literaria, texto libre, recomendación de libro o película, promoción cultural, diccionario, guardián del tiempo y vigilante de contenidos y guardián de la dinámica grupal. En la escuela primaria también promovemos la organización colaborativa:

“Para lograr un ambiente de trabajo primeramente fue necesario formular un reglamento interno escolar, y presentar un plan en el que había responsabilidades, que se irían rolando por semana, por ejemplo, el pase de lista, la organización de equipos, la recolección de tareas, la organización de materiales de trabajo, entre otras. Dichas responsabilidades permitían al alumno asumir el papel del docente, fomentando el respeto entre sus compañeros, cada vez
que a alguien le tocaba una comisión, ganaba confianza en sí mismo, y conseguía desenvolverse cada vez mejor, y así en cada ocasión, era menor el esfuerzo en cada uno de ellos para expresarse, organizarse y participar dentro de clases.” (Betsabé).

“Me sucedió en la segunda semana de practica en la primaria donde tenía el grupo de 6°, realizamos un debate y todos los niños querían participar al mismo tiempo, entonces se pidió a un alumno voluntario para que fuera él, quien regulara la participación del grupo en el debate. Es así como los alumnos son parte de su propia toma de decisiones y ellos pueden tomar la palabra por sí solos, claro con un poco de ayuda de otros.” (María Fernanda Morales).

“...La verdad es que los niños son súper ingeniosos y aportan mucho. Cuando trabajan por equipos, ellos sienten la necesidad de regularse y darse la palabra” (Ivonne).

Los círculos de reflexión

Con frecuencia reflexionamos colectivamente sobre un asunto, a partir de algún “disparador” que puede ser una pregunta generadora, un texto polémico o provocativo, una frase, una imagen, etc. Invitamos primero a quienes tienen más dificultades para expresarse, para dar luego paso libre a quienes suelen expresarse sin ninguna cortapisa.

El intercambio y la discusión, como parte permanente del proceso

Dentro del enfoque constructivista, según la propuesta didáctica de Guy Brousseau, ofrecemos a las y los estudiantes situaciones didácticas específicas que implican desafíos, cuya superación requiere necesariamente del intercambio (formulación) y de la discusión argumentación (validación) antes de que el maestro asuma su papel de enseñante.

El rincón de lecturas- el cuentacuentos- la velada literaria-musical

Estos son espacios deliciosos que hemos creado para el último módulo de la semana. Hacemos a un lado los libros y las teorizaciones socio-psico-linguísticas y pedagógicas y nos disponemos a disfrutar de la literatura. Esta estrategia tiene dos partes: una, en la que formamos un círculo y podemos participar contando algún cuento, anécdota, leyenda o chistes o recitando algún poema, o leyendo algún texto libre, etc. La idea, no sólo es perder el miedo a leer en voz alta o a narrar, sino descubrir el profundo valor formativo de este género. La segunda parte de la sesión consiste en tener tiempo para leer de manera libre los maravillosos libros del rincón que se ofrecen a los estudiantes en gran cantidad.

El círculo mágico

El círculo mágico es una técnica muy difundida en el gremio, aunque poco se conoce su origen. Se deriva del Programa de Desarrollo Humano de Arnold Bessell y Uvaldo Palomares, educadores preocupados precisamente por dar la palabra a las y los niños
migrantes, que tenían serias dificultades para comunicarse con sus compañeros en el aula. Consiste en un espacio de conversación estructurada en el que se da una interesante paradoja, ya que, a partir de reglas muy claras y rígidas o exigentes, se crea un rico clima de libertad, para comunicarse con toda confianza.

El sociodrama

A través de breves dramatizaciones presentamos una situación de la vida real, (en especial las que tienen que ver con los problemas de comunicación), sobre la que deseamos reflexionar. Es muy divertido, cuando estas situaciones se convierten en espejos de lo que hacemos las y los maestros.

Los simulacros

Son juegos de expertos, en los que simulamos ser profesionales de alguna rama y presentamos en público algún proyecto para convencer a diversas “fundaciones” o “autoridades” o “padres de familia”, etc. de la importancia de su colaboración para hacerlas realidad (por ejemplo: programa radiofónico, agencia de viajes, telenovela, etc.) En algunos casos, dejan de ser simulacros para convertirse en empresas reales.

“En la segunda semana, mi propósito fue idear algo que les llamara la atención, los intrigara y provocara la participación de todos. El proyecto, en esta ocasión fue un periódico, al que ellos mismos llamaron “Diversión Escolar”. Como reporteros profesionales, los chicos deberían entrevistar a un personaje desconocido y optaron por un boxeador, El día que teníamos que elaborar las preguntas, lograron ponerse de acuerdo y decidieron entre todos qué era lo que cuestionarían, cómo querían que fuera la experiencia y aportaron ideas para realizar dicha actividad, las que acepté gustosamente. Esta vez... los niños debían comunicarse y colaborar en clase como un equipo.” (Jessica).

Los libros colectivos

Como a nadar se aprende nadando, a leer, leyendo y a escribir, escribiendo, hacemos un esfuerzo para que algunos de nuestros textos puedan ser “publicados” (aunque sea en un contexto muy limitado). Este trabajo es todo un reto, pues implica un complejo proceso de planeación- producción- revisión. Muchos de los textos que se integran en los libros colectivos son totalmente libres y otros se generan, a partir de diversos “disparadores”.

Epílogo

“Esto es algo muy interesante y que debe estudiarse más a fondo, ya que si este problema se tratara desde el preescolar, las formas de vida serían distintas; el pueblo estaría menos reprimido por gobiernos o personas elitistas. Si se empezará de lo poco, llegaríamos a solucionar lo mucho” (Fabiola).

Ponencia de la Escuela Manuel Bartolomé Cossío al XX Encuentro de la Red de Educación Alternativa

Cómo dar la palabra al niño

Dar la palabra al niño ha sido y sigue siendo uno de los ejes principales para la formación de nuestros alumnos desde que inician su formación escolar. Los más pequeños ingresan a lo que llamamos Ambientación cuando tienen tres años cumplidos. En estos grupos de preescolar procuramos crear un ambiente de armonía y confianza con la finalidad de que los niños expresen abiertamente sus sentimientos, deseos y vivencias. Respetamos el tiempo que cada niño necesita para integrarse a las actividades oyendo sus inquietudes –“me canso”, “me quiero ir con mi mamá”, “me gusta”, “no puedo”–, y animándoles a expresar lo que sienten, aprenden y viven.



A partir de las conversaciones con los niños, en el aula se rescata algún interés común para trabajar como tema del día: “Marifer va a tener un hermanito”, “Juan y Pedro se fueron a la feria el sábado”, “El domingo va a ser el cumpleaños de Mariana, cumple cinco años”. La lecto-escritura nace del tema del día y el proceso es absolutamente vivencial. Se elige una frase y se escribe en el pizarrón. Con este texto se realizan diferentes ejercicios de visualización e identificación: se lee varias veces, se lee intercalando las palabras, se lee en voz baja, en voz alta, en cámara lenta, con el pensamiento… Después, el niño pasa al pizarrón, señala las palabras que se le indican, las encierra en figuras geométricas con gises de colores, adivina la palabra que borra la maestra, borra la palabra que le pide otro niño, leen por mesas… juegan a la lectura. Luego escriben el texto en sus cuadernos y lo ilustran. Es una copia que al principio se reduce a garabatos, pero poco a poco las letras van apareciendo tal cual son y el texto resulta ya completamente legible.

Así, el trabajo de la lecto-escritura nace de la palabra del niño: son sus palabras y sus intereses los que están en juego durante el aprendizaje. Desde los cuatro años y con mayor énfasis a los cinco, la repetición de estos ejercicios permite que los niños se “suelten” leyendo de un día para otro. Cuando ya leen autónomamente, también son capaces de redactar. Más que un aprendizaje, la lecto-escritura es una adquisición espontánea, que se presenta cuando los niños han madurado lo suficiente a partir de un proceso similar a la adquisición de la palabra hablada. Este procedimiento asegura desde un principio la comprensión de la lectura a la par de otras habilidades lectoras, como realizar inferencias o discriminar contenidos, lo cual garantiza su funcionalidad.

Dar la palabra a los niños es oírlos y propiciar que se oigan entre ellos, es intuir cuándo deben expresarse, es enfatizar la importancia de respetar turnos, de escuchar y ser escuchado, de leer y ser leído. Dar la palabra al niño no sólo implica el saber académico y la cultura general, también significa cultivar los valores que los convertirán en las personitas que luego llegarán a la primaria.

Las conferencias libres

Ya en primaria, dar la palabra al niño es permitir que sus intereses sigan siendo el hilo conductor del trabajo cotidiano. Quien no ha tenido esta oportunidad se ha perdido de una experiencia enriquecedora y estimulante. Las conferencias son un destacado ejemplo. Cuando un maestro favorece en el aula que los niños expresen lo que de veras les interesa a través de sus conferencias, resulta que muestran un vivo interés por asuntos de la más diversa índole: la historia, los animales, los astros, la tecnología. Así se manifiesta no sólo genuino respeto por cada individuo, también se da versatilidad al trabajo diario y se avanza en la revisión del programa al ritmo y en el orden que los propios niños instalan.

Las conferencias se imparten y, preparadas con el entusiasmo que les imprime un auténtico interés, suelen ser excelentes. Los conferencistas elaboran cartulinas o audiovisuales, generalmente productos de notable factura, y exhiben con mucha seguridad los resultados de su investigación; enfatizan ciertos aspectos del tema elegido y logran entusiasmar al resto del grupo, lo que constituye una mina de tópicos correlacionados con el tema eje que luego dan pie al trabajo diario. El interés permanece vivo entre los entusiastas y ciertos temas extienden aún más su influencia: unos culminan en trabajos manuales que son expuestos en el aula; otros llevan a una investigación que concluye en un trabajo para el periódico mural; algunos más conducen a una visita de estudio a un museo, una fábrica, un zoológico –si éste es el caso, preparamos y presentamos ante la asamblea general un informe colectivo de la visita. Así, un verdadero centro de interés puede guiar el trabajo durante semanas.

El diario de clases

Hay niños que se apropian de la palabra escrita y la utilizan para expresarse como a ellos les gusta. Un ejemplo es el diario de clases. Idea de Chela Tapia y obligación desde que los niños entran a la primaria, se adoptó como una bitácora que da continuidad y hace constar el trabajo cotidiano. Día con día, un niño distinto se lleva la libreta del diario y plasma en ella la jornada de trabajo. Es importante que el contenido sea completo, y que la redacción, la ortografía y la presentación sean adecuadas.

Al principio, era en la presentación donde el niño dejaba su huella particular. Decoraba los márgenes, ilustraba los textos o hacía un dibujo al finalizar. Esto aún sucede: nuestros alumnos dibujan y se expresan con libertad, pero ahora también usan la palabra para adueñarse del trabajo y así, mientras recuerdan el contenido académico de la clase, usan su imaginación y habilidad literaria para hacer la relación de la jornada. Redactan cuentos, inventan visitas de seres imaginarios a nuestras aulas, viajan a otros mundos… (Ver anexo 1.) Otras veces utilizan lenguaje periodístico para recrear el trabajo como si fueran las noticias de un periódico o el reportaje de una revista o hasta una página web. Incluso hemos tenido tratados de pedagogía y sociología cuando comparan su trabajo cotidiano con lo que vivirían niños de otros estratos sociales y escuelas muy distintas.

Las asambleas

El uso de la palabra también es formación en y para la democracia. En nuestro patio de sombra, visible a toda la comunidad, se encuentra la “cajita misteriosa”, un pequeño buzón de madera llamado así por niños de otras épocas, donde los niños actuales depositan papelitos en los que escriben peticiones, felicitaciones, deseos, críticas, preguntas, en cualquier momento. Cada participación debe estar firmada, y redactarse con respeto y pertinencia, para que la palabra sea dicha públicamente, pues tomar la palabra es un acto de responsabilidad y práctica de valores éticos y cívicos. Los papelitos se leen ante la asamblea semanal de la primaria. Un grupo de niños, electos por la mayoría, dirige la reunión.

En este espacio tienen cabida los triunfos individuales y colectivos. Y los conflictos: discutir, clarificar, reparar daños, tomar conciencia y asumir consecuencias… Todos devenimos mejores cuando pedimos la palabra, la damos, la tomamos o simplemente nos escuchamos en las voces de otros. El gran valor de la asamblea radica en que las voces infantiles son escuchadas con mayor interés que las adultas. Al hablar los niños sacuden conciencias, despiertan iniciativas, propician la participación, promueven el cambio de actitudes y conductas, confirman el camino hacia la armonía de la vida en sociedad y logran más que los adultos, cuyas voces suelen sonar como regaños.

Este modelo se reproduce en el aula, pues en consejo técnico hemos acordado efectuar asambleas semanales en los salones para abordar los asuntos de cada grupo. Maestras y niños sabemos que tomar la palabra en una asamblea es una experiencia formativa que se transfiere a otros ámbitos de la vida como una eficaz forma de solucionar conflictos y vivir en comunidad. Los niños esperan con entusiasmo el inicio de su asamblea y preparan sus argumentos para convencer a los demás, realizar sus ideas, cumplir sus expectativas, intervenir en las decisiones grupales, ayudar a algún compañero, obtener reconocimiento o simplemente participar y obtener una disculpa. (Ver anexos 2, 3 y 4.)

Las asambleas de noticias

Otro modo de dar la palabra a nuestros niños es la elección de noticias que se comparten con toda la comunidad en una asamblea quincenal que se instituyó hace muchos años para suplir lo que en otras escuelas eran obligatorias y tediosas ceremonias en que se recordaban efemérides nacionales.

Hace poco en 3º un niño dijo: “¡Qué padre!, la siguiente asamblea nos toca a nosotros”. Julieta, la maestra, comenzó por preguntar qué entendían por noticia. Los niños pidieron la palabra: “Es lo que sale en el periódico”, “Y que vemos en la tele”, “Mis papás oyen las noticias en el radio”. Luego fueron elaborando una definición colectiva: “Son textos informativos de interés público general que pueden ser de carácter cultural, social, político, deportivo, artístico, científico… y que se difunden por diferentes medios de comunicación”. Llevaron periódicos al salón, observaron las características de algunos diarios y noticias… y levantaron la mano para expresar sus dudas: “¿Puedo hablar de que el América le ganó al Santos?”, opinaron hasta que concluyeron que ésa era una noticia de interés especial sólo para un grupo de personas. Con este criterio –el de interés general–, fijaron una fecha para llevar las noticias que cada quién hubiese elegido, con el documento original de donde se obtuvieran y la redacción personal del contenido. En la fecha propuesta cada niño explicó su noticia mientras el resto del grupo pedía la palabra para disipar sus dudas o agregar datos. Por votación se eligieron las noticias que, además de ser interesantes, aportaban algo positivo a la comunidad escolar.

Por fin se presentaron las noticias y los niños se sintieron orgullosos de su trabajo personal y colectivo. Durante el proceso, que lleva varios días, las maestras hemos de informarnos acerca de cada noticia que los niños presentarán, adelantándonos a las preguntas que pudieran surgir en la asamblea y que no se hubieran considerado en el salón; a veces hay que apoyarlos pero, sorprendentemente, casi nunca es necesario. Con esta experiencia nuestros alumnos ganan una gran confianza en sí mismos.

Los textos libres

El gran acierto de Freinet en su práctica docente fue la introducción de la imprenta en la escuela, que permitió construir una realidad impresa con los textos de los niños. Fue tan novedoso poner sus palabras, las verdaderamente suyas, las totalmente infantiles, en letra impresa, en los “libros de la vida” que, aunque no es la única técnica Freinet, nos atrevemos a afirmar que es la más importante, la que tuvo más adeptos y por la cual Freinet es más ampliamente conocido.

Dice Chela: “Nunca leí textos de los alumnos de Freinet. Cuando lo conocí era ya viejo, muy involucrado en la Cooperativa de Enseñanza Laica (cel), y eran los maestros jóvenes de su escuela quienes se hacían cargo de los niños. Allá en los sesenta, leí algunos escritos de los maestros que conocí en esa época, y de sus alumnos; eran similares a los que imprimían los nuestros: no más de una cuartilla escrita a mano, narraban las aventuras de su vida cotidiana y, ocasionalmente, pequeños cuentos. Quien haya encauzado a sus alumnos a imprimir sabe lo que sucede luego de que el primer texto sale calientito de la prensa. Nunca vi que otro hecho suscitara tanto en los niños el deseo de expresarse por escrito, con tal de imprimir su texto. Y al lograrlo –a veces ‘haciendo cola’ para disponer de la prensa–, qué satisfacción, qué orgullo, qué hermosa sensación para él y sus padres…”.

Los textos de los niños nos han permitido penetrar su creatividad, su imaginación, sus deseos, sus miedos, sus malestares… y su franco sentido del humor. Durante la lectura que hacemos con ellos, se corrige la ortografía y la redacción, se hacen notar las palabras repetidas, se señalan las “y” que encadenan frases… (Ver anexos 5, 6 y 7.) Para escribir lo que se quiere decir, hay que tener idea de cómo hacerlo, saber desarrollar los temas, completarlos, redondearlos o dejar unos y experimentar con otros, combinar los asuntos, ¿buscar un estilo?, mejorar… Y en esto están nuestros niños, en este trabajo-juego que compartimos con ellos, que les permite, sin darse cuenta, a lo largo del tiempo, evolucionar. Pero esa evolución ha de ser sólo de ellos –“yo solito”–, de 1º a 6º tienen seis años por delante. Es difícil, pero se puede y se debe respetar al máximo el contenido de los textos infantiles. Respeto absoluto al asunto y al vocabulario infantil. Corrección a la redacción sólo si el autor lo acepta.


Entre los años sesenta y noventa, los textos crecieron. Algunos tuvieron que aparecer escritos a máquina sobre esténcil, y se imprimían en mimeógrafo de mano, porque la imprenta tipo por tipo ya era insuficiente y lenta. (Ver anexos 8, 9 y 10.) Con el uso de la computadora, que adoptamos en 1996, hoy nos sorprende cómo se ha incrementado la extensión de los textos entre niños mayores, de 5º y 6º.

En ocasiones se sugieren temas para que los niños redacten libremente, así resultan textos libres sobre temas dirigidos –que surgen en investigaciones, conferencias, visitas– en vez de textos libres con temas libres, como deben ser los del libro de vida. A veces el tema dado es tan abierto que ofrece completa libertad para abordarlo, como cuando Coral, la maestra de 5º, repartió al azar entre sus niños las cartas de la lotería para que cada quien recibiera la imagen que sería su tema. (Ver anexos 11 y 12.) O cuando Elisa, la maestra de 6º, propuso redactar una autobiografía. El escrito era muy personal y los niños quisieron y pudieron explayarse en varias cuartillas. Entre todos los textos, nos asombró el de Graciela, por su extensión, su acopio de detalles y la amplitud de su vocabulario. (Ver anexo 13.) Por último, compartimos un texto que nos hace suponer que manifiesta a un escritor en ciernes. Rodrigo es un devorador de libros, al parecer cualidad indispensable para el oficio de escritor. (Ver anexo 14.) Evidentemente nuestra función no es formar escritores, aunque ha sucedido en casos excepcionales.


Conclusión

Chela puede afirmar la satisfacción que siente cuando charla con sus alumnos de las primeras épocas. Confiesa cómo le encanta darse cuenta de que se ha quedado muy atrás de sus muchachos en cuanto a conocimientos, méritos académicos, premios y distinciones que han recibido, y la sencillez y compromiso con que los asumen. De algún modo, algo de lo que son ahora se cimienta en la formación que les dimos en su primera escuela. Lo fundamental en nuestra labor es tratar de desarrollar al máximo esta capacidad de aprender, de comunicarse con precisión, de saber lo que se quiere, de luchar por conseguirlo, de tal suerte que ahora y en el futuro nuestros alumnos sean capaces de explicar sus ideas y proyectos, de proponer acuerdos, de dirimir conflictos, de manifestar sus sentimientos, de estar claros siempre de lo que ocurre en y con sus vidas.

Colectivo de la Escuela Manuel Bartolomé Cossío


Anexos

Anexo 1
Este diario es un trabajo excepcional, pero no resistimos el deseo de compartirlo con ustedes. Nótese que se trata de un facsímil del original, escrito e ilustrado por Alejandra Lomnitz Soto, 6° año 2009.

Anexo 2
Éste es el cuaderno de actas del grupo, con un acta levantada por Frida Sofía Morán, 6º año 2010.



Anexos 3 y 4
En el grupo de 4º año, se utilizó una carta en vez de la palabra hablada para expresar descontento. Jairo se sintió ofendido porque Guido le calificó de nazi, solicitó un “Me gustaría…” en la asamblea grupal y preparó este texto para leerlo en voz alta cuando se tratara su punto:

Guido:
No me gustó lo que me dijiste pues me pareció peor que una grosería, fue una ofensa a mí y a mi familia porque nosotros no fuimos, ni espero que seamos, unos nazis (personas racistas y más violentas de lo normal). Esta ofensa no fue graciosa, Guido, ni es un término agradable de decir ni de oír. Espero que ahora sepas que tales cosas no se dicen ni de juego y espero que no hayas usado ese término ni para ofenderme ni para hacerme quedar mal. Tu falta de información no justifica que hayas dicho esa ofensa. No lo vuelvas a hacer. Atentamente,
Jairo (4° año 2010).

Guido aceptó la petición de Jairo y unos días después le contestó con el siguiente texto:

Los nazis
En la I Guerra Mundial los alemanes perdieron. Hubo un periodo de crisis. Se formó el Partido Nacionalsocialista y se convierte en NAZI. Hitler hizo un partido en esos tiempos de crisis e hizo creer que los culpables eran los judíos. Hitler pensaba que los judíos eran los culpables porque tenían mucho poder, entonces los nazis empezaron a perseguirlos y los metían en cámaras de gas, después los procesaban y los hacían algodón, jabón, etcétera. Los nazis no sólo mataban a los judíos, también mataban a los gitanos, homosexuales y todos los que no fueran raza aria.
Guido (4° año 2010).

Después de leerlo, Guido se disculpó y Jairo aceptó la disculpa, siempre y cuando nunca volviera a ofenderlo. A partir de aquí se desarrolló en clase un centro de interés con el tema: los nazis.

Anexos 5, 6 y 7
Así escriben los niños más pequeños en cualquier parte del mundo:

El animal que más me gusta es el gato y el otro es el conejo, por tener las orejas muy grandes. Pero también me gustan las flores y los árboles.
Úrsula, 1° año 1977.
Cuando hago pasteles me divierto, va moviendo la batidora y yo le doy vueltas y luego chupo el merengue y lo meten al horno y cuando ya está, corto un pedazo y me lo como.
Ale Treviño, 2° año 1978.
Yo quisiera ser pájaro porque los pájaros vuelan muy rápido y ven cosas muy bonitas. Viven en un nido, están arriba de un árbol; tienen unas cosas que nosotros no tenemos que se llaman alas y otra que se llama pico.
Fernando Toussaint, 2° año 1965.

Anexos 8, 9 y 10
Así filosofaba Moramay “en su tiempo”:

El tiempo
¿Qué es el tiempo?
Cuando me pongo a pensarlo en mis ratos de ocio, quedo muy confundida.
Los hombres hace tiempo aprendieron a contar el tiempo… a veces yo siento que el tiempo se va más rápido o más lento según mi estado de ánimo. Llego a veces a la conclusión de que el tiempo lo cuenta el alma y no las horas, que lo cuenta el estado de ánimo y no el reloj.
Las cosas que nos gusta hacer se las lleva rápido el tiempo. Mas las aburridas se las va llevando poco a poco.
A la muerte la trae el tiempo silenciosamente, y a veces nos llega tan de repente, y a veces nos llega lentamente. El tiempo no son los segundos, los minutos, las horas, no los años. No… es la vida.
Moramay López Alonso, 5° año 1980.

Y qué decir de este sentido del humor…

Diario de un ricopobre
Nací el 23 de julio de 1900, en el Hospital Inglés de Beverly Hills. Éramos tan pobres que vivíamos en una casucha de 2500 metros de lado. El regador automático del jardín no servía. Teníamos tan poco dinero que la 14ª cocinera le tuvo que pedir a mi papá, el coronel Stravisstakyslayusky III, para que se comprara un anillo con un diamante del tamaño del diamante de beisbol; en las caballerizas teníamos sólo 144 caballos blancos, 120 negros y 142 a punto de nacer; la cancha del frontón estaba despintada y al Lincoln Continental último modelo le faltaba el foquito de la guantera.
El 14 de agosto de 1932, mi papá falleció. Ya era yo dueño de todo aquel desbarajuste. Vendí el monumento a Lincoln y reparé todo eso. Hice unos negocitos y desde entonces ¡Ahhh…! Soy muy feliz.
Tengo una regadera de dos temperaturas: fría y congelada. Al dormir, los resortes sueltos del colchón me arrullan; los manteles tienen aire acondicionado porque tienen hoyos; y la comodidad máxima: no tengo que ir a recoger el periódico, porque el vidrio está roto, entonces cuando el repartidor lo avienta, cae en mis piernas.
Juan Carlos Ruiz, 6° año 1974.

Las frutas (se rebelan)
¡Las noticias más inesperadas del mundo!
El melón ya no quiere juntarse con el azúcar.
La sandía ya no quiere tener semillas negras, las quiere moradas.
El chicozapote quiere crecer para ser “granzapote”.
El plátano ya no quiere hacer resbalar más gente con su cáscara.
Las uvas se independizaron del ramo, ahora las venden por separado.
El mango ya no quiere ser guapo, quiere ser el más feo.
La manzana ya no quiere asesinar a Blanca Nieves.
La pera se casó con el perón y tuvieron peritos.
La papayita le grita a su papá: ¡Papá –ya, sal del baño!
Esas son las noticias por hoy, gracias por escucharnos.
Reporteras: Laureana Martínez Fuigueroa y Daniela Velasco.
P.D. Noticias frescas como la lechuga.
Laureana Martínez y Daniela Velasco, 4° año 1995.

Anexos 11 y 12
Cecilia recibió La garza, y su texto, desde nuestro punto de vista, es uno de esos que piden auxilio Otros resultaron muy simpáticos, como el de Elena, que en La palma muestra su sentido del humor.

La garza (que se volvió flamingo)

Había una vez una parvada de garzas tan presumidas que un día, sólo por vanidosas, se pasearon por un manglar, donde vivían los flamingos.
La más chiquita de todas se quedó atorada en las raíces de un mangle. Ninguna garza se dio cuenta hasta llegar a su casa. La mamá estaba muy preocupada, pero la hija estaba muy contenta porque en el manglar se alimentaba mejor y podía jugar con aves coloradas a la hora de comer. Lo único que comía era larva de camarón, así que se volvió flamingo.
La mamá fue volando hacia el manglar, pero como la garcita ya no era blanca sino rosa no la reconoció. La garza pensó “puedo tener más hijos” y se fue. La hija cada día estaba más contenta, en el manglar se casó y tuvo hijos.
Y ésta fue la historia de la garza que se volvió flamingo.

Cecilia Rojas Lombó, 5° año 2001.



La palma

La palma perdió la calma
pues en la playa había un maya.
El maya pintó una raya
alrededor de la palma sin alma.
La palma sin alma le tiró un coco
para quitarle lo loco
al maya de la raya.
El maya de la raya le arranca una hoja
y la palma se enoja
y por eso lo moja.
Luego el maya de la raya dice:
–Palma sin alma, deja de molestar
Que a mí ni a nadie le fuera a gustar.
–Maya: –responde la palma sin alma–
deje de pintar la raya
en mi territorio de la playa.
Y ahora quiero que se vaya.
–Si usted dice que me vaya,
me voy por hoy.
A la palma le regresa la calma
y se queda pensando por qué no tiene alma.
Llega la araña con mucha maña
y le dice a la palma sin alma:
–Te cambio un grano de arena
por tu verde melena.
–No estoy conforme –contesta
la palma sin alma.
La araña con maña se va
y la palma se queda.
Elena Boyls Connolly, 5° año 2001.

Anexo 13
Nos encantó esta autobiografía por su calidad de expresión y madurez. Se trata sólo de una selección, pues la extensión del original es mucho más del doble.

De jabalí a jabalí

Nací en 1995 un tres de abril, curiosamente ese año se cumplían 60 años del nacimiento de mi abuela, que también nació en abril, sólo que el día siete (mi número favorito); el caso es que las dos somos aries y nuestro año chino es el mismo: jabalí. Cuando yo nací mi abuela ya había muerto y aunque no la conocí más que en fotos y a través de mi mamá, la quiero a mi manera, marca mi vida porque siento que cuando nací se cerró un ciclo y comenzó otro… Por cierto, las dos nos llamamos Graciela.

Salí del hospital a los dos días, estrenando aretes (que siempre me han gustado), pesando apenas casi dos kilos y bastante amarilla porque tenía ictericia, así que el primer mes me lo pasé tomando baños de sol en los jardines de los condominios en que vivía, que están en Magdalena Contreras. (…) Ahí descubrí a los perros, que desde entonces me encantan; también había otros niños y yo me llevaba con algunos. (…) Hay dos niñas a las que conozco desde que estaba en la panza de mi madre porque ella iba a recoger a mi hermano –que por cierto se llama Cristián– a la escuela y se encontraba con otras dos panzonas, Mari y Elisa, sus hijas ahora son mis amigas y se llaman Rebeca y Mariana.

Cuando cumplí tres años se acabó mi primera infancia porque me cambié de casa y a los pocos meses entré a la escuela. (…) Mi segundo perro (que tengo hasta la fecha), se llama Tirso y se apellida “de Pimpolina”. Llegó cuando yo tenía cuatro años y lo adoro, no hemos tenido problemas con él desde que lo adoptamos y completó la familia, porque es el tercer hijo. Llegué a la casa en mayo y en agosto entré a la escuela, voy a la misma que mi hermano y mi mamá porque padecemos un vicio familiar.

La escuela se llama Manuel Bartolomé Cossío y, gracias a ese vicio heredado, nunca he llorado como otros niños cuando se acaba el verano. El primer día de clases me reuní con Mariana y Rebeca, ahora en un salón de clases, y salí de la escuela agarrada de la mano de una niña que se llama Valentina Granillo, ella se fue un tiempo a Canadá pero acaba de regresar ahora que ya estamos en sexto. De los cuatro a los seis años estuve en Ambientación, ahí aprendí a leer y escribir. Empecé a leer cuentos por mí misma (porque desde que tengo memoria me leían cuentos antes de dormir). (…)

Creo que durante estos tres años comencé a entender que las personas van y vienen; que los verdaderos amigos están ahí siempre, aunque no pases todo el rato con ellos y otros, aunque pasen todo el rato contigo, no son amigos en el fondo. En aquel tiempo, yo sabía cuando algo me molestaba pero no sabía qué, ahora que ya tengo mi personalidad más definida y sé mejor lo que me gusta y lo que quiero, me he dado cuenta de que para mí, en la amistad son importantes el cariño mutuo, que tus amigos no se pongan ni por arriba ni por debajo de ti, que no sean celosos, que no compitan contigo todo el tiempo y sobre todo, que sean leales, porque cuando hay traiciones, se pierde la confianza y por lo tanto la amistad. Como quien dice, el tiempo me ha vuelto menos conformista y más Yo.

Mi primer campamento a Valle de Bravo con mi grupo de la escuela fue en primero. Antes de ir estaba un poco nerviosa porque no sabía cómo iba a ser y era la primera vez que viajaba sin mi familia, pero cuando regresé, lo único que quería era… “¡Ir otra vez!” Ahora que estoy en sexto, ya no puedo pedir otra vez otra vez, sino decir… ¡Gulp! Con todo y un nudo en la garganta. (…)

Ahora estoy en sexto, me doy cuenta de que no pienso ni siento igual que cuando iba en primero. Mi infancia está por terminar y se acaba la primaria. Tengo unos pocos nervios por el examen de admisión a la secundaria pero sé que lo voy a pasar bien y que la escuela va a estar padre.

Por lo pronto creo que no todo es bueno o malo en la vida porque hay términos medios, que muchas veces las apariencias engañan, que tengo que luchar por lo que quiero y pienso y no quedarme callada, que algunas cosas cuestan trabajo porque no todo es gratis en la vida, que me siguen encantando los perros pero ya no todos, que los compromisos y las promesas se cumplen y que hay muchas cosas buenas por las que vale la pena estar vivo. Me gusta la vida y lo que he hecho, tengo ganas de seguir viviendo porque hay muchas cosas que quiero probar, vivir y conocer… Como quien dice, todavía estoy verde, aunque casi termino un ciclo de doce años y vuelve a iniciar mi año chino.
Graciela Vela Hinojosa, 6° año 2006.

Anexo 14
Para mí –dice Chela–, Rodrigo va a ser escritor. En este texto, el clásico que redactan los niños después del intercambio, ya prefigura un talento propio del oficio. Me permito presentar en un recuadro lo que resalta como un destello en el total; lo anterior y lo posterior siguen siendo de un niño:

La aventura del intercambio

Para mí el intercambio es como una aventura, porque vamos por lugares a los que nunca hemos ido, vemos cosas que nunca hemos observado, conocemos personas que nunca hemos visto y vivimos de una forma que nunca hemos vivido.
También es como ser guías, porque podemos mostrarle a los demás cosas que no han visto. Como mostrarles algo de lo que estamos orgullosos porque nos gusta y sabemos que les va a gustar. Y también sentirnos felices porque a nosotros nos gustó lo que ellos nos enseñaron.
Nosotros la esperamos desde hace años y años, aunque sabemos lo que es hasta que la vivimos. En la memoria tenemos unos archivos, y siempre hay archivos reservados para esta clase de aventuras.
Rodrigo Ruiz Spitalier, 6° año 2006.